Una semanita libre de trabajo que no de no hacer nada.
Martes de viaje a Valencia a la exposición de H.R. Giger y saludar a los amiguetes valencianos que hacía tiempo que no iba por allí.
Miércoles negro en el gimnasio, no se me ocurre otra cosa que entrar a spinning. Se suponía que era una clase de nivel medio-bajo, pero el monitor (muñeco diabólico que le llamaron en clase y no fui yo) nos cambió la clase por una de nivel alto con pendientes propias del Tour. Resultado, pues que me dió un tabardillo que no me fui de la sala por verguenza torera. Y los siguiente días unas agujetas que no me dejan moverme. Consejo: las agujetas no se van con agua + azucar.
Jueves, por culpa de las agujetas no escalé en el rocódromo de San Vicente. Así que me limité a ver como subian y partian la crisma bajaban. Al menos en frente de la ciudad deportiva hay una Amstelería para reponerme de los dolores musculares.
De madrugada, con Spacepumpkin comprobamos con pena que la oferta del Desdén de Budweiser a 1€ ya no estaba. Pero siempre nos queda el Cure.
Y desde el viernes y durante todo el fin de semana, castigado en el trabajo. Encima éste sábado me pierdo una cenorra. Aunque si fuera tendría que ir en silla de ruedas.




